Crecimiento Espiritual

Crecimiento Espiritual

viernes, 6 de junio de 2014

Cambio de dirección de blog.

Hola! Estoy moviendo los contenidos de este sitio al blog que está incorporado en mi página web: 

Lo hago para unificar todo en un sitio. 
A partir de ahora esta será la dirección dónde podéis consultar las nuevas entradas de mi blog.
Gracias y disculpad las molestias!
Asia

martes, 27 de mayo de 2014

Autoestima - el poder de la creencia

Lo que impide que tengamos la autoestima alta o hace que la tengamos baja son las creencias que tenemos sobre nosotros mismos. Los que tienen la autoestima baja dicen de ellos mismos: No soy suficientemente buena, No valgo nada, Soy inútil, Soy un fracasado, etc.
Este tipo de mensajes, que normalmente son inconscientes, nos hacen sentir miserables y pequeños y muchas veces nos limitan en nuestra vida. Son acompañados de sentimientos de angustia, rabia, tristeza, apatía.
A veces nos hemos acostumbrado tanto a ellos, o nos hemos identificado tanto con ellos, que ni siguiera distinguimos ninguna diferencia entre nosotros mismos y ellos, aceptando nuestra “condena” diciendo: “Mira, soy así”. Pero en realidad es posible también ser de otra manera, mejorar la autoestima y vivir desde otro lugar más libre y abierto.
Estos pensamientos en algún momento han sido absorbidos en nuestra psique (normalmente en la infancia), los hemos aceptado como nuestros y hemos creído en ellos. Es lo que en la Terapia Gestalt Transpersonal llamamos condicionamiento. Los pensamientos en si no son ni malos ni buenos, sólo cuando ocurre la identificación con ellos, es cuando hay un problema. El poder de la creencia es muy grande, porque un pensamiento en sí no tiene ningún poder, pero cuando es acompañado por la creencia e interés, entonces sI que empezamos a sentir y actuar desde este pensamiento.
En la Terapia Gestalt Transpersonal tomamos consciencia y observamos estos pensamientos. A veces estos mensajes son inconscientes, y lo primero con lo que tratamos es con la emoción.
Por ejemplo, en el caso de una excesiva timidez que aparece cada vez que conocemos a alguien, surge una sensación de angustia. El mensaje inconsciente que puede que haya detrás de esta emoción puede ser por ejemplo “No vales nada en comparación con los demás”.

Haciéndonos conscientes de estas creencias, podemos darnos cuenta que realmente sólo son eso: pensamientos, no estamos obligados creer ciegamente en ellos, y tenemos la opción de liberarnos de su influencia limitadora y mejorar nuestra autoestima.

lunes, 26 de mayo de 2014

La búsqueda espiritual - un viaje sin fin?

Todo el mundo busca algo. Algunos buscan relaciones satisfactorias, algunos un buen trabajo, otros salud, dinero o fama, otros conocimiento. Tal como llegamos a satisfacer un deseo, florece otro para ser satisfecho. Es lo que nos mantiene en movimiento y es un movimiento natural también, intentar mejorar nuestras condiciones si no estamos satisfechos con lo que hay.
A veces conseguimos lo que queremos y estamos contentos. A veces no lo conseguimos, entonces nos frustramos.
Algunos saben que un placer efímero ya no será suficiente para obtener satisfacción. Hay algo dentro de nosotros, una voz intuitiva que nos dice que hay una felicidad más estable, que no se acaba una vez consumido el placer. Allí es donde empieza la búsqueda espiritual.
Los buscadores espirituales buscan la iluminación, su propio Ser, a Dios, a la paz, a la felicidad permanente. O sea: la búsqueda sigue pero ahora el objeto deseado es diferente. Ya no queremos un coche, un novio nuevo o una casa. Incluso cuando nos dicen los maestros: “busca dentro de ti”, seguimos en movimiento, ahora adentrados en nuestro mundo interno.
Por un lado, eso tiene que ocurrir así. Sin el deseo no es posible avanzar, la búsqueda tiene que ocurrir. Y también disfrutamos del viaje. Es bastante guay ser un buscador. Me ha gustado mucho esta etapa. Otro curso, otra técnica de meditación, otro tipo de terapia, otra experiencia. Vamos avanzando, vamos mejorando, nos estamos acercando. Por supuesto que se disfruta. Podemos estar así años y años, disfrutando de nuestro viaje, y está bien.
También se forma una identificación tremenda con el personaje “buscador espiritual”. Antes eramos “personas normales”, ahora nos hemos vuelto “personas espirituales”. Y nos gusta este disfraz.

Pero puede llegar un momento en la vida del buscador, cuando se encuentra con una sensación interna que dice: ya basta. No quiero buscar más, ahora quiero encontrar. Es un momento muy fuerte, muy auspicioso, muy poderoso. Es un suerte inmensa llegar a este punto. Aquí algo tiene que ocurrir. Alguna puerta se tiene que abrir. Para mi la puerta más directa que se abrió fue la de Advaita Vedanta. Es allí cuando sentí por primera vez, que se acabaría mi búsqueda. Estaba lista de dejar mi disfraz de buscador, aunque me gustaba bastante. Me abrí a la posibilidad de un encuentro real con lo que realmente Es y lo que estaba aquí siempre: antes, durante y después de la búsqueda. Este encuentro sólo es posible si dejamos de lado todos los disfraces, incluso los más apreciados, y nos permitimos estar totalmente desnudos. Dentro de la desnudez encontramos nuestra Eternidad.  

lunes, 19 de mayo de 2014

6 cosas que me enseñó la migraña

Hoy quiero escribir sobre mi vieja "enemiga - amiga” – la migraña, que apareció hace unos años y a la que, después de estos años de relación tormentosa, puedo agradecer por enseñarme mucho. 
Los que sufrimos migrañas, sabemos que significa: estos días que no puedes ver la luz, y pasas el día esperando que se acabe. Mejor que no te hablen, porque cada ruido es insoportable. Nauseas, malestar, problemas de concentración, muchas veces no eres capaz de hacer nada. Y este dolor que te acompaña vayas donde vayas, como si llevaras un casco estrecho en la cabeza. En mi caso, cada vez que aparecían los primeros síntomas, decía: “Oh no, otra vez...” Probé de todo para deshacerme de ella: medicina tradicional, medicina natural... Pero siempre volvía.

Con el tiempo vi que la migraña me enseño mucho:

Me ayudó ir más lenta y saber parar. Yo era de los que corrían, y no sólo externamente. Mi mente no paraba, siempre estaba en movimiento. El dolor me decía STOP y no sólo me obligaba a quedarme tranquila en casa, sino que literalmente paraba mis pensamientos. No era capaz de pensar, así que me quedaba muy quieta mentalmente.

Me obligó a prestar la atención a mi cuerpo. Yo era una persona muy ocupada en “ser productiva” y desconectaba fácilmente de mi cuerpo tratándolo a veces como una máquina que sirve para cumplir con las tareas. El dolor me llevaba a conectar con él y cuidarme de la mejor forma que podía.

Me ayudo a detectar y priorizar mis necesidades. De una manera extraña, la migraña se agravaba, cuando tenía hambre, tenía sed, ganas de dormir, o ganas de salir que me diera el aire, y no hacía nada con esta necesidad posponiendo su satisfacción y siguiendo con los haceres “más importantes”. Así que me obligó a poner claridad y prioridad, que lo primero es lo primero, y todo lo demás se puede esperar.

Me conectó con las emociones que no quería reconocer: en concreto, con la rabia. La rabia no gestionada que tenía, causaba tensión en mi cuello y esto agravaba el dolor. Llegué a detectarlo y gracias a esto pude expresarla y realizar un proceso después del cual noté que las migrañas aparecían con menos frecuencia.

Me ayudo a observar el dolor y no escapar de él. Al principio me costaba poder realmente estar en el dolor. Con el tiempo pude observarlo desde una posición más neutral, no rechazarlo, sentirlo como una parte de mi, y como una parte de la vida misma.


Y lo más importante: me ayudó a ACEPTAR. Un día, después de varios años de sufrir la migraña por lo menos una vez al mes, le dije: “Te permito estar aquí”. Y no fueron meras palabras, sino sentía que venían desde el corazón, realmente dejé de lado completamente toda la lucha contra ella y acepté su presencia. Hasta entonces ni me había dado cuenta que le tenía mucha rabia, por estar ella aquí y complicar mi vida. Sabes que pasó? El dolor se fue. No volvió nunca de la misma forma, pero no quiero decir: “Me curé de la migraña”. Ya veremos como se desarrolla nuestra relación. En cualquier caso sé que ya no estoy en guerra con ella. 

lunes, 12 de mayo de 2014

Cuál es el sentido de la vida? Crisis existencial como oportunidad de transformación.

La crisis existencial nos puede visitar en cualquier momento de la vida. De repente empezamos a sentir que no sabemos quienes somos, no sabemos a donde vamos ni tampoco cual es el sentido de nuestra vida.
Podemos sentirnos profundamente desconectados de todas las actividades diarias: todo lo que nos animaba antes, ahora no tiene sentido. A veces ni delante de nosotros mismos reconocemos que ni siguiera la compañía de las personas más queridas como nuestros hijos o parejas nos trae satisfacción.
A veces la crisis existencial puede comenzar debido a alguna pérdida que hemos sufrido, a veces viene sin ningún aviso previo, de repente se presenta delante de nosotros sin ningún motivo aparente. Aparente, porque sí que puede haber un motivo aunque no lo detectamos a primera vista.
La cuestión es que nos sentimos vacíos y es una sensación desagradable, por lo tanto el primer impulso puede ser ir a buscar un llenado rápido. Algún placer. Algo. Quizás una relación amorosa. Quizás una nueva actividad. Quizás algún viaje. Estamos en una búsqueda frenética de algo que nos llene. Sea lo que sea. Y a veces lo conseguimos, pero... por cuanto tiempo?
La oportunidad de transformación comienza cuando nos paramos delante de nuestro vacío existencial y lo reconocemos. Pararse y poder sentir el vacío requiere valentía. A veces llegamos a este punto forzados por la desesperación: porque hemos intentado con todas las fuerzas llenarlo y no lo hemos conseguido. Afrontamos el vacío y de alguna manera nos rendimos ante él, reconociendo que si, en estos momentos forma parte de nosotros. Si podemos hacerlo, sólo eso vale más que todos los intentos de llenarlo.
Puede ser que sea eso es lo que más tememos, porque imaginamos que afrontando la crisis, las cosas pueden empezar a cambiar demasiado. Quizás tenemos miedo que el vacío puede revelar algo, una necesidad de transformación en nuestra vida. Quizás un cambio profesional, quizás un cambio en relaciones, o en nuestras ideas o valores. No siempre queremos cambiar. Más bien queremos que el vacío desaparezca sin tocar las cosas demasiado.
En la Terapia Gestalt Transpersonal vemos la crisis existencial como una oportunidad de transformación interna. Nos dedicamos a revisar varios aspectos de tu vida para poder comprender que es lo que necesitas en estos momentos y para que tú mismo puedas descubrir y valorar si hace falta introducir algún cambio a nivel externo.

Contáctame si tienes cualquier pregunta sobre la crisis existencial o la Terapia Gestalt Transpersonal.

martes, 6 de mayo de 2014

El Yo separado percibiendo al mundo

Está claro que cada uno de nosotros percibe el mundo de forma diferente. Cada uno tiene su punto de vista individual y particular. Hay tantos factores que han atribuido a nuestra percepción única: familia, educación, sociedad, publicidad, sistema familiar, genes, estrellas... por mencionar sólo algunos de ellos.
Sin embargo, hay algo común en la percepción: un yo. Hay un “yo” que percibe el mundo. Todos , cuando hablamos de nosotros mismos, decimos: yo. Yo hago, yo voy, yo vuelvo, yo leo, yo escribo...
Pero quién es este “yo” que percibe al mundo de esta forma única? Es un “yo” que se siente separado. Separado de los demás, de la vida en general. Aquí estoy yo – aquí está el mundo, la vida, los demás.
El “yo” cuando se siente separado empieza a tener miedo. Tiene que luchar para sobrevivir. Tiene que intentar que el mundo sea de una manera que el “yo” quiere. Tiene que demonstrar a otros “yoes” que es bueno, que vale. El “yo” sufre por su pasado y muchas veces está descontento de su presente, por lo tanto tiene que hacer muchos planes para el futuro para poder mejorar su presente.
Y lo curioso es que casi nadie cuestiona a este “yo”. Sin embargo es una palabra más utilizada del diccionario.

Alguna vez te has hecho esta pregunta: Quién soy yo? Es una pregunta que grandes sabios de Advaita Vedanta se han hecho en algún momento, aunque parece una pregunta tonta. Claro: yo – soy yo. Pero exactamente quien eres tú? Tu cuerpo? Tus pensamientos? Tus sensaciones, emociones? Tus valores? Tu historia personal? Tus ideas? Tus valores?
Es una pregunta que inquieta. Es una pregunta incomoda. Nos deja sin palabras por un momento.
Empezamos a buscar dentro y de repente nos damos cuenta que... bueno, no voy a revelar lo que vemos. Prefiero que lo hagas realmente y lo averigües tú solo. De qué te das cuenta cuando buscas este “yo”?

Quién eres tú?


Puedes contactarme y escribirme como te ha ido la investigación. Si te ha gustado, te animo que leas sobre los Encuentros Transpersonales donde nos dedicamos a esta investigación de tu verdadera naturaleza.