"La sombra produce la enfermedad,
y el encararse con la sombra cura"
Quería escribir sobre el dolor y el sufrimiento tal como la ve y trata la psicología humanista y sobre todo la Gestalt. A veces nos confundidos acerca de la diferencia entre los dos. Experimentar el dolor es algo natural, igual que experimentar placer. Nuestro cuerpo físico y psicológico a veces siente dolor. Lo que suele pasar es que no queremos sentirlo ya que es una sensación desagradable. No queremos estar presentes cuando aparece, en seguida nos escapamos evitándolo: empezamos a racionalizar el dolor con todo tipo de “porques” (“Bueno, esto me pasa porque…) o lo negamos (“no, no me duele. Hay que ser positivo!) o trivializarlo (“tampoco es para tanto”) o lo dramatizamos (dios, como me duele, creo que nadie sufre como yo….) o intentamos evitarlo de alguna manera. Escapes hay muchos y todos sirven a una única causa: no experimentar el dolor. El dolor no experimentado y no aceptado se convierte a la larga en sufrimiento. El sufrimiento evita el contacto con el dolor. El sufrimiento tiene una historia “añadida” al dolor. Esta historia puede contener mucha carga emocional y mental. Contiene muchos “porques” del dolor. El dolor, cuando es cubierto por todas las capas emocionales y mentales se convierte en sufrimiento. El dolor en si es purificador, es como un fuego, nos limpia. El sufrimiento trae un “mal olor” a nuestro ser, porque es un dolor “podrido”, estancado, el que no se ha dejado sentir y aceptar.
Podemos experimentar el dolor directamente? Podemos estar realmente presentes cuando el dolor aparece? Sin juzgarlo, sin escapar, sin negarlo, sin dramatizarlo, sin luchar contra de él? Simplemente estar? Sólo como experimento hagámoslo una sola vez, por un momento. Será muy curioso que se descubre detrás del dolor, porque allí está el confort, la tranquilidad, incluso paz y alegría. A veces… no hay absolutamente nada! Tanta historia, tanta huida, tanta lucha… y al final nos damos cuenta que no hay absolutamente nada allí! Y en este “nada” hay liberación y es maravilloso poder experimentarlo. Cuando nos atrevemos a sacar las capas que están cubriendo el sufrimiento, cuando nos atrevemos a sentir lo que está en su centro, en su núcleo, cuando no nos escapamos más, es entonces cuando el dolor se revela ante nosotros como un conductor hacía un estado de mayor consciencia. Te atreves a experimentar este misterio?
